Italia Verificado Oct 2026
Catania, Italia, lleva el Etna en la piedra: el basalto negro recorre las fachadas barrocas, mientras la piedra caliza clara recibe el intenso sol siciliano. Incluso el Castello Ursino medieval cuenta una historia de fuego: la colada de lava de 1669 llenó su foso y desplazó la costa cientos de metros.
Foto: Oscar M / Pexels
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El terremoto de 1693 destruyó gran parte de la ciudad, y Catania reconstruyó su centro con los dramáticos contrastes del barroco siciliano. Bajo esas iglesias claras y calles de piedra oscura, los teatros y las termas romanos aún afloran entre viviendas y tiendas.
En el mercado de pescado matutino, los vendedores hacen resonar sus pregones contra los arcos de piedra; cerca, las cafeterías sirven granizado con brioche caliente para desayunar. Más tarde, prueba la pasta alla Norma, el homenaje de Catania al compositor Vincenzo Bellini, preparada con berenjena frita y ricotta salata rallada.
El nombre de Bellini se oye tanto en el teatro de ópera como en las mesas de la ciudad, pero la historia más profunda de Catania está escrita en sus capas de lava, mampostería romana y calles barrocas reconstruidas. No es tanto una ciudad preservada como una que sigue haciendo sitio a sus vidas anteriores.
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De la Katane griega a una ciudad escrita en lava y piedra barroca
Los hallazgos arqueológicos indican que ya había habitantes en la zona de Catania durante la Edad del Bronce Antiguo. Mucho antes de la llegada de los colonos griegos, las comunidades sículas conocían este terreno volcánico y su montaña inquieta.
Tucídides sitúa la fundación de Katane en 729 a. C., cuando colonos calcídicos de la cercana Naxos establecieron una ciudad en las laderas del Etna. Por lo general, el nombre se relaciona con una palabra sícula que significa terreno escarpado o irregular, una descripción adecuada para una tierra modelada por la lava.
Los relatos antiguos vinculan al poeta lírico Estesícoro con Katane, donde, según se dice, pasó sus últimos años. La ciudad aún conserva su nombre en la Piazza Stesicoro, junto a unas estructuras romanas construidas mucho después.
Hierón I de Siracusa conquistó Katane, expulsó a sus habitantes calcídicos a Leontinos y asentó a nuevos pobladores procedentes de Siracusa y el Peloponeso. Cambió el nombre de la ciudad por el de Aitna y se atribuyó el papel de fundador.
Los siracusanos y el líder sículo Ducetio expulsaron a los colonos de Hierón, lo que permitió el regreso de la población calcídica original. Katane recuperó su antiguo nombre, aunque Siracusa siguió siendo una poderosa vecina.
Durante la desastrosa expedición ateniense contra Siracusa, la asamblea de Catania permitió la entrada de las fuerzas atenienses en la ciudad. Katane se convirtió en una base avanzada para soldados y barcos, lo bastante cerca de Siracusa como para que aquella decisión entrañara un gran peligro.
Dionisio I de Siracusa conquistó y saqueó Katane; según los relatos antiguos, sus habitantes fueron vendidos como esclavos. Mercenarios campanos ocuparon su lugar, un crudo recordatorio de que la fuerza podía decidir la lealtad de una ciudad.
Durante la primera guerra púnica, Catania se rindió al cónsul romano Manio Valerio Máximo Mesala. La ciudad pasó a formar parte de la esfera de influencia de Roma como comunidad tributaria, dando comienzo a siglos de dominio romano.
Durante el gobierno de Augusto, Catania obtuvo el rango de colonia romana y recibió a veteranos como colonos. El dominio romano dejó una huella perdurable en los edificios públicos y el trazado de las calles, muchos construidos con el basalto oscuro que yace bajo la ciudad.
El anfiteatro romano de Catania se construyó en el siglo II. Sus oscuros bloques volcánicos rodeaban un enorme óvalo destinado a espectáculos públicos. Una parte aún se conserva bajo la Piazza Stesicoro, donde la antigua mampostería queda casi a ras de la calle.
La tradición cristiana sitúa el martirio de Ágata en Catania, durante las persecuciones del emperador Decio. La ciudad la convirtió en su santa patrona; su culto sigue dando un profundo arraigo local a la catedral y a la fiesta anual en su honor.
El general bizantino Belisario conquistó Sicilia para el emperador Justiniano e incorporó Catania al Imperio romano de Oriente. El griego siguió formando parte de la vida religiosa y administrativa de la isla durante siglos.
Las fuerzas árabes tomaron el control de Catania durante la conquista de Sicilia oriental y pusieron fin al dominio bizantino en la ciudad. La nueva etapa transformó el gobierno y la agricultura de Sicilia, incluidos los cultivos que cambiaron lo que se producía en torno a sus ciudades.
Las fuerzas normandas del conde Roger I conquistaron Catania mientras avanzaban por Sicilia. Su victoria trajo nuevos gobernantes y una jerarquía eclesiástica cristiana latina a una ciudad que había vivido bajo dominio musulmán durante generaciones.
El conde Roger I fundó la catedral de Catania en honor a santa Ágata, sobre un terreno donde habían existido unas termas romanas. La iglesia se convirtió en el centro religioso de la ciudad, aunque los terremotos obligarían a reconstruirla más de una vez.
Un potente terremoto sacudió Sicilia oriental y destruyó gran parte de Catania, incluida su catedral normanda. Miles de personas murieron en toda la región y la catástrofe borró buena parte del tejido medieval de la ciudad.
El emperador Federico II ordenó construir el Castello Ursino, una fortaleza cuadrada con enormes torres redondas. Su ubicación cerca de la costa medieval tenía sentido desde el punto de vista defensivo; la colada de lava de 1669 lo dejó tierra adentro.
Durante la revuelta de las Vísperas sicilianas contra el dominio angevino, Catania se puso del lado de los aragoneses. El cambio incorporó la ciudad a una nueva órbita real, y los reyes de Sicilia mantendrían estrechos vínculos con Catania durante los siglos siguientes.
El rey Alfonso V de Aragón otorgó la carta fundacional a la Universidad de Catania, la primera de Sicilia. Sus aulas dieron a la isla un centro de estudios jurídicos y académicos, y la institución sigue formando parte de la vida cotidiana de la ciudad.
En 1669, la lava del Etna llegó a Catania, rodeó el Castello Ursino y desplazó la línea de costa. Después, el terremoto de 1693 causó miles de muertes y devastó la ciudad. La reconstrucción comenzó en 1694, con calles más anchas y plazas abiertas, concebidas para una ciudad consciente de que el suelo podía moverse.
El arquitecto Giovanni Battista Vaccarini nació en Palermo, pero su nombre quedó inseparable de la reconstrucción de Catania. Aportó un estilo barroco mesurado y teatral a las iglesias y los edificios públicos de la ciudad, combinando la oscura piedra de lava con la caliza clara.
Vaccarini diseñó la Fontana dell’Elefante en la Piazza del Duomo, donde combinó un antiguo elefante de piedra volcánica con un obelisco egipcio. Conocida localmente como u Liotru, la fuente convirtió el pasado de Catania, hecho de distintas capas, en su emblema cívico.
Vincenzo Bellini nació en Catania y más adelante compuso óperas como Norma e I puritani. Su música dio a la ciudad una identidad cultural perdurable, y sus restos descansan en la catedral, bajo un monumento dedicado al compositor.
Giovanni Verga nació en Catania, donde más tarde ambientó buena parte de su obra y estudió Derecho en la universidad. Sus relatos, sin sentimentalismos, situaron en el centro de la página la vida cotidiana de los sicilianos, no la de los grandes gobernantes.
Catania se sumó a la revuelta siciliana contra el dominio borbónico y formó parte del breve experimento de autogobierno de la isla. Las tropas reales recuperaron la ciudad en 1849 tras intensos combates; la rebelión quedó aplastada, pero siguió viva la demanda de cambios políticos.
La campaña de Garibaldi recorrió Sicilia en 1860, y Catania participó en el derrocamiento del dominio borbónico. En 1861, la ciudad pasó a formar parte del recién unificado Reino de Italia y cambió una monarquía lejana por un nuevo Estado nacional.
Catania inauguró el Teatro Massimo Bellini con una representación de Norma, de Bellini. El suntuoso teatro de ópera situó el nombre del compositor en el corazón de la ciudad y ofreció a la nueva ciudad italiana un gran escenario público.
Los bombardeos aliados alcanzaron el puerto y las infraestructuras ferroviarias de Catania durante la invasión de Sicilia. Las tropas británicas entraron en la ciudad el 5 de agosto y pusieron fin al control alemán e italiano, en medio de calles dañadas y una vida cotidiana alterada.
En la posguerra, Catania se expandió hacia nuevos distritos industriales, mientras las fábricas y las conexiones de transporte transformaban sus límites. El crecimiento fue más allá de su antiguo papel de ciudad portuaria y mercantil, aunque las calles más antiguas siguieron siendo el centro de gravedad de la ciudad.
El metro de Catania comenzó a funcionar en 1999 y añadió una línea subterránea a una ciudad construida sobre capas de calles antiguas y lava. En 2002, la UNESCO reconoció su centro barroco tardío como parte del Val di Noto. Por esas mismas fechas, el valle del Etna se convirtió en un centro tecnológico y de fabricación de semiconductores.
Compositor · 1801–1835
Nació en Catania; está enterrado en la catedral
Bellini nació en Catania, y más tarde la ciudad dio su nombre al teatro de ópera; su tumba se encuentra en el interior de la catedral. Tal vez reconocería aquí el orgullo que despiertan sus melodías, aunque hoy viene acompañado del rugido de las motos bajo los balcones dorados del teatro.
Novelista · 1840–1922
Nació en Catania; su casa es ahora un museo
Verga nació en Catania y escribió sobre la gente corriente de Sicilia con una mirada sin sentimentalismos, lejos del mundo refinado de los palacios aristocráticos. Su casa, conservada en la Via Sant’Anna, ofrece un contrapunto más tranquilo a la ciudad exterior, donde la vida cotidiana aún se derrama por las calles.
Arquitecto · 1702–1768
Diseñó importantes obras barrocas en Catania
Tras el terremoto de 1693, Vaccarini contribuyó a dar a Catania su aspecto barroco, con obras como la fachada de la catedral y la Fontana dell’Elefante de la Piazza del Duomo. Vería que sus obras aún comparten la plaza con el tráfico del mercado, la piedra volcánica y la silueta oscura del Etna.
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico · 1194–1250
Encargó la construcción del Castello Ursino
Federico II ordenó construir el Castello Ursino entre 1239 y 1250, cuando la fortaleza se alzaba junto al mar. La colada de lava de 1669 alejó la costa y dejó el castillo tierra adentro; su emplazamiento transformado convierte el edificio en un testimonio excepcional de cómo el Etna puede redibujar una ciudad.
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Sí, sobre todo si te gustan la arquitectura barroca, los vestigios romanos y los mercados de comida con auténtica vida cotidiana. La ciudad también es una buena base para visitar el Etna, aunque el tráfico intenso y el pavimento irregular pueden hacer menos agradables algunos paseos.
Dedica entre 2 y 3 días al centro histórico, sus yacimientos romanos, los mercados y uno o dos museos. Añade otro día si quieres visitar el Etna o los pueblos costeros de Aci Castello y Aci Trezza.
El Alibus conecta el aeropuerto con paradas céntricas, como Piazza Borsellino, Catania Centrale y Piazza Stesicoro. Cuesta 4 € y tarda aproximadamente entre 20 y 30 minutos, según el tráfico; consulta AMTS para comprobar los horarios y las tarifas vigentes.
Según la información consultada, el billete urbano de autobús o metro para 90 minutos cuesta 1 €, el billete integrado de autobús y metro para 120 minutos cuesta 1,20 € y el abono diario, 2,50 €. Las tarifas pueden cambiar; confírmalas con AMTS o FCE antes de salir.
Por lo general, Catania es una ciudad acogedora, pero conviene tomar las precauciones habituales: vigila tus pertenencias en los mercados concurridos y en los autobuses, y mantente atento al tráfico. De noche, limítate a calles bien iluminadas y transitadas, sobre todo cerca de la estación y en callejones secundarios menos concurridos.
El basalto volcánico oscuro aparece por toda Catania, tanto en las calles como en los edificios, y crea el llamativo contraste entre piedra negra y clara del centro barroco. Este material vincula la arquitectura de la ciudad con el Etna, cuyas coladas de lava han moldeado repetidamente la zona.
Sí. Entre las principales zonas de acceso están el Rifugio Sapienza, en la vertiente sur del Etna, y Piano Provenzana, en la norte. En la vertiente sur hay un teleférico y rutas en vehículos todoterreno 4x4 que se acercan a los cráteres de la cumbre. Comprueba las condiciones y el transporte antes de elegir una ruta.
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